La
idea de la reelección presidencial en un país como Colombia, es reelegir las
políticas públicas que beneficien a las mayorías. A las mayorías que viven en
la miseria: educación de mala calidad, ríos contaminados, ollas de microtráfico
de vecinos, los servicios de salud y la muerte significando lo mismo, el crimen
gobernando lo que el estado mira de soslayo.
La
reelección en Colombia ha permitido reelegir el hambre, la guerra, la
impunidad, la corrupción y la persecución política. Un mal presidente para
atornillarse en el poder bombardea, hace falsos positivos, desarrolla un plan
de chuzadas y se roba el erario público. Y el pueblo impávido reelige ese
estado de cosas.
El
colombiano de a pie reelige porque sale beneficiado con una casa, la cual le
tocará pagar eternamente, en términos de esclavitud electoral, al presidente de
turno, a la carpa politiquera con la cual se arropa el tal líder que habita el
solio de Bolívar, como si esa casa no hace parte del paquete de Derechos que le
corresponde por el hecho de ser Ciudadano en el país del corazón de Jesús.


